El corazón representa de forma universal el amor. Y por eso se ha banalizado hasta extremos insufribles. En el mercado hay todo tipo de objetos con forma de corazón: gafas, jabones, esposas, manecillas, pasteles, relojes y camas… Incluso, no es broma, edificios y hasta islas paradisíacas con su silueta. La mayoría degradando su significado, y tendiendo hacia la horterada comercialoide. Si además ronda San Valentín y paseas por delante de escaparates, acabas casi vomitando. Aunque al final te hagan gracia las inverosímiles aportaciones al fascinante mundo kistch, injustamente vilipendiado. Porque el corazón es sin duda el mejor aliado del pastiche excesivo, empalagoso y dulzón.

Pero periódicamente surgen algunas aportaciones que, por su originalidad, le devuelven legitimidad. Por ejemplo, el elegante sillón Heart Cone (1959) del organicista Verner Panton. O el corazón lámpara del mágico Ingo Maurer, titulado One from the heart (1989), que realmente insuflaba un aura de romanticismo con su haz acorazonado proyectado por un espejito juguetón. También es un icono del mobiliario el sillón Soft Heart de Ron Arad, convertido en palpitante balancín como siguiendo un pulso sanguíneo vital, tic tac… En el mundo de la moda ha sido aquí en España Ágata Ruiz de la Prada quien ha capitaneado el corazonismo a troche y moche. En el mundo de la gráfica destaca por su rotundidad el logotipo universal de Milton Glaser declarando su amor por Nueva York. Es ya un mito, y por eso profusamente imitado.

El jarrón Cor (corazón en catalán) de la artista Pepa Reverter llega para integrarse en esta familia de corazones dignamente diseñados. Y lo consigue por dos motivos, por su intención bondadosa y por su rotunda belleza. Es curioso el origen formal de esta pieza. Surge inspirada por otro jarrón célebre, el florero Shiva, diseñado por Ettore Sottsass en 1973. Por aquel entonces el iconoclasta arquitecto italiano viajaba a menudo a Barcelona para visitar a su novia Eulalia en la escuela Eina. Hizo esta y otras pequeñas arquitecturas mezclando este intenso romance con sus viajes a India. Por tanto, al contrario de lo que podría sugerir su forma fálica no es un canto a la falocracia, ni una celebración del machismo, sino una exaltación de la fertilidad, pues Shiva, el dios indú de la destrucción es al mismo tiempo el de la renovación y la vida. El agua del jarrón alimenta y nutre las flores que contiene. Su color rosa pálido es así mismo un guiño a la carnalidad más ingenua desde la mente de un artista enamoradizo y vitalista.

Ese pequeño objeto producido por BD Barcelona Design hace casi medio siglo ha ido calando entre el público y ahora ha sido motivo inspirador para este jarrón Cor de Pepa. Ella complementa el sexo con el amor, su corazón jarrón, que a su vez alimentará con su líquido nutriente las flores que darán un grito colorido de esperanza en este mundo enfermo. La sangre palpitando es vida. Cor es un manifiesto sincero, básico y global, un emoticono tridimensional apasionado. Resuelto con una técnica impecable, consiguiendo una calidad y colorido rojo intenso difícil de obtener en la cerámica, que resalta su contundente simplicidad.

Pepa quiere lanzar un mensaje objetual de esperanza. Los artistas son así, paren sus criaturas por motivos personales, pero a veces, cuando están en sintonía con los tiempos, sus resultados cuajan y devienen universales. Ojalá que sí, hace falta amor, mucho amor en estos tiempos de odio. Aquí tenemos un buen jarrón de agua caliente y amorosa para el reto.

Texto por Juli Capella.
Fotografía de Marcela Grassi.

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